Raquel Feijóo
Número de colegiada: G-6675
Número de Registro Sanitario: C-32-001369
Por un mundo lleno de cisnes
El patito feo. Hans Christian Andersen
Me llamo Raquel Feijóo,
Estoy colegiada en el Colegio Oficial de Psicólogos de Galicia con el número G-6675 y habilitada para ejercer la Psicología Sanitaria.
Tengo mi consulta en Ourense (C/ Cardenal Quiroga, 18), con el Número de Registro Sanitario C-32-001369. También tengo consulta on line.
Eso hoy, porque para llegar aquí he recorrido un largo camino que me ha llevado por otros trabajos y ocupaciones hasta encontrar mi lugar en una profesión que me permite ayudar a personas que están pasando por un mal momento en sus vidas.
Porque esto es la psicología para mí,
un trabajo desde la cercanía en un espacio de total y absoluta confidencialidad en el que puedas confiarme lo que te ocurre, ver qué soluciones hay y trabajar en la aceptación de los hechos.
Acompaño a personas que sufren ansiedad,
que están ancladas en una relación de dependencia emocional o que se encuentran atrapadas en una relación tóxica. También trato conductas dependientes (alcohol, tabaco, comida…) y ayudo a personas que deben afrontar situaciones con alto nivel de estrés, como por ejemplo la preparación de exámenes u oposiciones.
Mindfulness
Una de mis herramientas terapéuticas es la meditación Mindfulness, una práctica milenaria que tiene como finalidad ayudarnos a calmar la mente para poder afrontar las dificultades de la vida desde un estado de mayor consciencia y serenidad.
Terapias psicológicas
También trabajo con otras terapias psicológicas como la psicología transpersonal y la terapia de aceptación y compromiso. Además, estoy acreditada como Coach Zero por el Instituto Iñaki Piñuel, referente en el abordaje del abuso narcisista en España. Esta acreditación refuerza mi trabajo con personas que se encuentran en relaciones de abuso psicológico o dependencia emocional.
Mi compromiso es, en definitiva, ofrecerte una terapia de calidad basada en la integración de múltiples técnicas y adaptada a tus circunstancias personales.
Blog y clases
Un espacio dedicado al bienestar integral.
Aquí encontrarás clases de yoga y meditación, artículos enriquecedores,
y cuentos guiados diseñados para relajarte y elevar tu espíritu.
En febrero se habla mucho del amor. Los escaparates se llenan de corazones y aparecen mensajes sobre encontrar a alguien que «lo sea todo» para nosotros. Es una imagen romántica, pero merece una pregunta: ¿de verdad una relación necesita ocuparlo todo para ser importante?
Querer a alguien no significa renunciar a tener una voz propia. De hecho, una relación que nos hace bien suele permitir que sigamos siendo personas completas: con amistades, intereses, opiniones y momentos de intimidad personal.
La confianza no consiste en saberlo todo del otro
Es natural interesarse por lo que vive nuestra pareja. Otra cosa es convertir ese interés en vigilancia. Pedir acceso permanente al teléfono, exigir explicaciones detalladas de cada movimiento o enfadarse porque la otra persona quiere pasar tiempo a solas no demuestra amor; puede ser una forma de control.
La confianza se construye con comportamientos coherentes, conversaciones honestas y acuerdos que ambas personas pueden revisar. También necesita admitir cierta incertidumbre. Ninguna relación ofrece garantías absolutas, y tratar de conseguirlas mediante comprobaciones constantes suele generar más tensión.
Estar en desacuerdo sin tener miedo
Las parejas sanas también discuten. Pueden tener diferencias sobre dinero, familia, horarios o proyectos de futuro. Lo que importa es cómo se manejan esas diferencias: si hay espacio para escuchar, si se puede reconocer un error y si ambas personas mantienen su dignidad durante el conflicto.
Una conversación difícil no tiene por qué terminar con dos personas pensando exactamente igual. En ocasiones basta con comprender la postura del otro y acordar cómo actuar. En cambio, si expresar una opinión conlleva insultos, amenazas, humillación o represalias, no estamos ante un simple problema de comunicación.
Los límites no son un castigo
Poner un límite significa expresar qué necesitas o qué comportamiento no estás dispuesto a aceptar. Puede sonar tan cotidiano como «hoy necesito descansar y prefiero que nos veamos mañana» o «quiero hablar de esto, pero no si nos estamos gritando».
Un límite no sirve para controlar a la otra persona, sino para hacerte responsable de tus decisiones y cuidar el espacio compartido. Y necesita reciprocidad: tus necesidades cuentan, pero también las de quien está contigo.
Conviene recordar que no todos los contextos permiten negociar en igualdad. Cuando existe intimidación o violencia, proteger la seguridad es más importante que intentar aplicar consejos generales de comunicación o límites.
Conservar espacios propios también cuida el vínculo
Hay parejas que comparten casi todas sus aficiones y otras que disfrutan de actividades muy diferentes. Ningún modelo es superior por sí mismo. Lo importante es que la cercanía no implique aislamiento y que el tiempo individual no se interprete automáticamente como rechazo.
Seguir cultivando amistades, intereses y proyectos personales ayuda a mantener una identidad que no depende exclusivamente de la relación. Cuando dejamos de hacerlo por miedo a que el otro se aleje, puede ser útil preguntarnos qué está alimentando esa inseguridad.
Algunas preguntas para mirar tu relación
¿Puedes mostrarte como eres sin estar pendiente de cómo reaccionará tu pareja? ¿Existe espacio para hablar de lo que os preocupa? ¿Hay interés por reparar el daño después de una discusión? ¿Puedes mantener relaciones importantes fuera de la pareja? ¿Te sientes libre para decidir sobre aspectos básicos de tu vida?
No se trata de aprobar un examen de «pareja ideal». Las relaciones atraviesan etapas y dificultades. Estas preguntas ayudan a observar qué está funcionando y qué necesita atención, sin negar la complejidad de cada historia.
El amor también se nota en la tranquilidad
Una relación sana no es una relación sin problemas, ni un estado de felicidad permanente. Se parece más a un lugar donde puedes hablar, equivocarte, aprender y conservar tu capacidad de decidir sin vivir constantemente en alerta.
Si el miedo al abandono, la dependencia emocional o una dinámica de control están marcando tu vida afectiva, hablar de ello con un profesional puede ayudarte a entender qué está ocurriendo. Puedes consultar las áreas de intervención en relaciones y dependencia emocional y valorar qué apoyo necesitas.
El comienzo de enero suele venir acompañado de una pregunta: «¿Qué voy a cambiar este año?». Cuidar la salud, organizar mejor el tiempo, dejar una relación que nos hace daño, descansar más o aprender a decir que no. Los propósitos pueden ser útiles, pero también convertirse en una nueva lista de reproches.
Quizás llevas años prometiéndote que no volverás a preocuparte tanto, que nunca más sentirás celos o que serás capaz de hacerlo todo sin ayuda. Son objetivos que suenan bien sobre el papel, pero que parten de una idea poco realista: controlar por completo lo que pensamos y sentimos.
Empezar desde el rechazo a uno mismo suele salir caro
Cuando la motivación principal es «tengo que dejar de ser así», cada dificultad puede interpretarse como una prueba de fracaso. Un día de cansancio se convierte en «no tengo fuerza de voluntad». Una discusión se transforma en «no he mejorado nada».
Este modo de evaluarnos no siempre facilita el cambio. A veces aumenta la frustración y hace más probable que abandonemos aquello que queríamos cuidar. Por eso merece la pena revisar desde dónde nace un propósito: ¿de un deseo propio o de la necesidad de cumplir expectativas ajenas?
De los objetivos perfectos a los valores personales
Una idea útil de la terapia de aceptación y compromiso consiste en preguntarnos qué dirección queremos dar a nuestra vida. Los valores no son una meta que se tacha de una lista; son cualidades que deseamos cultivar en la manera de actuar.
Por ejemplo, si valoras la amistad, no necesitas proponerte «ser una amiga perfecta». Puedes decidir llamar a una persona importante esta semana. Si valoras la salud, quizá el primer paso sea reservar una cita médica pendiente o caminar un rato cuando tus circunstancias lo permitan. Si valoras el respeto en las relaciones, puedes empezar por reconocer qué conversaciones te resultan difíciles y por qué.
Lo importante es que el gesto sea concreto y responda a algo significativo para ti. Una acción pequeña, repetida en el tiempo, puede encajar mejor en tu vida que un plan ambicioso imposible de sostener.
Hacer espacio para el malestar
Imagina que te propones expresar más tus opiniones. Es posible que, cuando llegue el momento, aparezcan nervios o miedo a incomodar. La presencia de esa emoción no significa que hayas fracasado.
A veces el cambio consiste precisamente en poder actuar con cuidado y prudencia aunque exista cierta incomodidad. No se trata de obligarte a soportar situaciones dañinas: se trata de distinguir entre el malestar que acompaña a un aprendizaje y el riesgo real de un contexto que necesita otro tipo de respuesta.
En lugar de exigirte «este año no sentiré ansiedad», quizá sea más sensato proponerte «quiero aprender a comprender qué me ocurre cuando estoy ansiosa y cómo puedo atenderme». La diferencia parece pequeña, pero cambia el trato que te das durante el proceso.
Cómo formular un propósito que puedas revisar
Escoge un ámbito que de verdad te importe. Después piensa en una acción posible para la próxima semana, no para los próximos doce meses. Decide cuándo podrías realizarla y qué obstáculos previsibles hay. Si no sale como esperabas, revisa el plan sin convertirlo en un juicio sobre tu persona.
Por ejemplo, «cuidar mis relaciones» puede concretarse en «dedicar un rato a conversar sin pantallas con alguien que quiero» o «pedir ayuda para abordar un conflicto que llevo tiempo evitando». No es necesario cambiar todas las áreas de tu vida al mismo tiempo.
Un comienzo más humano
El calendario cambia de golpe; las personas, por lo general, no. Aprender, recuperar confianza o salir de una etapa difícil requiere un tiempo que no siempre coincide con nuestras expectativas.
Si llevas meses sintiéndote atrapada o atrapado en la ansiedad, la autoexigencia o una relación complicada, un espacio terapéutico puede ayudarte a explorar qué necesitas y qué decisiones son posibles. El comienzo de año puede ser una invitación a cuidarte, no un ultimátum.
En la web puedes conocer el enfoque de trabajo basado, entre otras herramientas, en la aceptación, el compromiso y la atención plena.